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Las bodas de plata del hito de Induráin

Han pasado 25 años y todos los aficionados al ciclismo lo recuerdan como si hubiese sucedido ayer. Verano de 1995. Miguel Induráin está ante la gran oportunidad de hacer historia e igualar los cinco Tour de Francia de Anquetil, Hinault y Merckx, con el aliciente de ser el primero en hacerlo de manera consecutiva. Todas las cámaras le buscan. Millones de españoles renuncian a su siesta para centrar su atención en la pantalla del televisor. Los pequeños de la casa hacen carreras con las chapas y todos quieren pedirse a Induráin. Es el deportista del momento.

Como era habitual, Miguel había renunciado a la Vuelta y también al Giro. Centró todos los esfuerzos de la temporada en conseguir el hito del quinto Tour. Tras una semana inicial tranquila, el 8 de julio se celebraba la séptima etapa de la ronda francesa, un recorrido de media montaña con final en Lieja. Por sorpresa, el equipo ONCE lanza un ataque conjunto y el navarro, en un alarde de potencia sobrehumano, aprovecha para escaparse. Tan solo Bruyneel es capaz de seguirle y, de hecho, gana la etapa. Pero fue Induráin quien sembró el pánico ante sus rivales.

Tres días más tarde el mejor ciclista del mundo se reafirma en su condición. Etapa con final en alto, estación de esquí La Plagne. El suizo Alex Zülle, que por entonces se erigía como cabecilla de un grupo de ciclistas que podía competir contra Miguel -y en el que se encontraban también nombres como los de Rominger, Riis o Virenque-, lanza un ataque de auténtico depredador logrando una brecha de casi cinco minutos. Gracias a su escapada de más de 100 kilómetros era virtualmente nuevo líder del Tour. Nadie contaba con que Induráin pudiera recuperar semejante boquete de minutos. Excepto él mismo. Con esa templanza que siempre le caracterizó sobre la bicicleta, comenzó a subir el ritmo de sus pedaleos recortando ventaja progresivamente hasta que entró en meta por detrás del suizo logrando un colchón superior a dos minutos sobre el resto de sus rivales, y evitando con su crono que el maillot amarillo cayese en manos de Alex. Una exhibición histórica que los aficionados al ciclismo todavía recuerdan.

El resto del Tour transcurrió sin problemas para ‘Miguelón’, quien levantaba los brazos en los Campos Elíseos de París para adjudicarse su quinta corona francesa de manera consecutiva. Una fotografía que es historia del deporte.